Al abrir mis primeros ojos,
espectadores de lo evidente,
lo vi elevarse rojo como la sangre
ansioso de paz
sediento de guerra.
Al abrir mis segundos ojos
esos que pertenecen al corazón
él susurro mi nombre
con una voz profunda y helada
mas helada que la hora de la muerte
Al cruzar su mirada con la mia
mi espiritu se desvaneció
en las nieblas arcoiris
que señalan el umbral
entre la vida y la muerte
Su voz resonó en mis oidos
cantos de una lengua babilónica
que produce terror a los pecadores
y trae bendición a los justos
su espada ensangrentada
eterniza las noches más oscuras
noches de las cuales
mi memoria no quiere acordarse
eterniza los dìas igualmente
entre las luces nacientes de la vida
y los desgarradores lamentos del caos
él es el que ha de ser
en la hora más oscura
o en el tiempo sin nombre
en el día más radiante
en el fuego flagelante
su maldición escrita está
grabada con fuego y sangre
en las profundidades de la tierra
que sostiene los nueve mundos
Es el olvido y la locura
y la agonía incesante
es el sendero bendecido
y el anhelo inalcanzable
el no será el que devora el mundo
y no será el que lo salve
el será la leyenda y el destino
escrito para los mortales
Charles Mordekai Leinhart
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