sábado, 3 de enero de 2009

Arabella leinhart : Dulce Devoción


Domingo 15 de mayo

Han pasado algunos días desde mi encuentro con Lucien, han sido días muy gratificantes, he tenido mi iniciación en la hermandad oscura, y está fue una iniciación bastante agradable. Me divertí bastante. Es una emoción increíble la que siento a la hora de cumplir la voluntad de madre noche.

 A pesar de que por lo que voy a escribir en las siguientes hojas puedo perder la vida ya que esta información contiene algunos de los secretos de la hermandad, no puedo reprimir la satisfacción que he tenido desde que pertenezco a esta organización, así que me desahogaré escribiendo.

Bueno he de comenzar por el principio, después de que Lucien me invitó a unirme a la hermandad oscura me indicó el camino que debía seguir a continuación para convertirme en una hija de Sithis, Padre o Dios del terror.

Mi primer encargo fue sencillo, Lucien me pidió que como prueba de mi lealtad con la madre noche, debía ir a la posada de la III profecía a matar a un tal Rufio. El viaje me tomo dos días desde la ciudad capital, y no tuve mayores problemas que el de ser atacada por un par de lobos salvajes. Cuando llegue al lugar vi que la mencionada posada era una cabaña algo desvencijada, pero lo suficientemente fuerte para dar refugio a quienes quieran que fueran los miserables que se hospedaban allí.  Llegue cuando el sol caía en el horizonte y cuando entré vi que detrás  del mostrador de la posada estaba sentado un joven nórdico de ojos grises y mejillas sonrosadas, con una actitud distraída repasando un viejo libro  de nombres.


Me dirigí a él y le pregunté sobre el Sujeto llamado Rufio, el joven posadero me miro un momento levantando un poco su mirada distraída hacia mi cara y luego murmuró “segundo piso, habitación 3, entrando por la escotilla de atrás”.   Entré por la pequeña trampilla que se encontraba al final del vestíbulo si es que se puede llamar así, y me dirigí a la última puerta del pasillo. Cuando llegue a la habitación encontré al sujeto profundamente dormido, el muy tonto tenía la puerta de la habitación de par en par. Me acerqué sigilosamente, sintiendo como surgía una emoción muy agradable dentro de mí, lo observé un momento pensando en quien desearía la muerte de un pobre diablo como este, y disfrutando de la sensación de poder que me abrumaba en ese momento… Tan indefenso, tan fácil, sería cuestión de segundos…

Momentos después Rufio había pasado a mejor vida…

Una vez cumplida la voluntad de la madre noche me retiré de la posada, despidiéndome cálidamente con una sonrisa fingida del joven posadero…

Algunos días después, me reuní de nuevo con Lucien quien me felicitó por mi ejecución impecable y después de contarme algunas cosas sobre cómo hacer desaparecer todo rastro de mi acción y darme mi primera paga, me indicó el camino a mi nueva casa: El santuario.

Aun recuerdo las palabras de Lucien “dirígete a la casa abandonada del sur de Cheydinhal y cuando estés allí escucharás una voz…, la voz te dirá: "¿Cuál es el color de la noche?", y responderás “ Sanguine, hermano". La puerta se abrirá: el santuario de la Hermandad Oscura estará frente a ti.”

Cuando llegué a Cheydinhal, me hice pasar por una peregrina que recorría ermitas e iglesias para buscar la paz espiritual, mi disfraz era bastante creíble, estaba compuesto de un sudario blanco con detalles carmesí y un talismán colgado en mi cuello, con el símbolo de Akatosh Dios del sol, de manera tal que no llamé mucho la atención entre los muchos habitantes  del pueblo.

Después de cumplir mis supuestas obligaciones como peregrina en la iglesia y asegurarme de que mi trasfondo como religiosa hubiera despejado cualquier sospecha sobre mis intenciones, me dirigí al anochecer a la casa abandonada, la cual encontré fácilmente por los rumores que escuche andando por las calles de la ciudad. Bajo el abrigo de la noche entré allí sin titubear, caminado cuidadosamente para evitar sorpresas desagradables sintiendo el aire frio y refrescante que había allí en esa casa abandonada. Al internarme en la casa llegue a un gran portón con una gran mano negra estampada bañada en una luz roja. Una voz grave me solicito inmediatamente la contraseña y repetí lo que me había dicho Lucien. La puerta se abrió un momento después y allí vi a varios personajes sombríos que me recibieron con una sonrisa. Despues de eso perdí la conciencia.


 

 

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